martes, 27 de julio de 2010

Historias de Salón (I): Bodas de Plata para un Equipo de Oro

Hace algunos años inauguramos en Cangas del Narcea pabellón municipal polideportivo con parapeto de ladrillo visto y cúpula de celosía.

Al poco de cortar la cinta la goma se encogió por la cenefa que mira al río y todos los que peloteamos allí alguna tarde deshilachamos las rodillas intentando anotar un gol de pisada imposible.

En esa época apareció un iluminado que decidió que algún día nosotros escribiríamos una línea en la historia practicando aquel juego que por América Latina llamaban fútbol de salón.

Gonzalo de Azkárate-Gaztelu y Suárez lo vio claro hace 25 años y asentó la primera semilla de lo que hoy todo el negocio respeta como Panadería Penlés FS.

Era el año 1985 y entonces los medios de comunicación tenían arrinconado a un deporte que se practicaba entre amigos o en torneos veraniegos con jugadores de fútbol once con ganas de matar el gusanillo estival.

Otro visionario empujó más fuerte que nadie y desde las ondas de Antena 3 Radio llevó el futbito a las tardes dominicales de Supergarcía.

Los goles del paraguayo Carosini y las conexiones con el Parque Corredor de Torrejón interrumpían la monotonía de las jornadas de liga en Primera División y de vez en cuando se colaban nombres como Interviú Lloyd´s o Redislogar Cotransa entre los aullidos de Gaspar Rosety y Eduardo Torrico.

Aquel Sporting de Cangas arrancó en la última categoría del futsal asturiano y las llaves de esa bendita locura quedaron a cargo de Juan Carlos Mateo, otro apasionado del rectángulo pequeño, que pronto armó un grupo con jugadores de la casa para plantarse por Los Campos de Castilla y del poeta a tratar de tú a tú a equipos que no pudieron más que tragarse el polvo de los recién llegados.

Llegaron los sponsors y los cambios de patrocinio y también las inolvidables tardes de litigio contra los calvos del Pedro Sport de Grado y las remontadas potencialmente improbables ante el Urvisa de los internacionales Masa, Uría y Emilio El Flaco, con el gol nuestro de cada día a pachas entre Maxi y Ania y las cabalgadas de Suso, Ernesto, Chori Rivas y Medina sobre un lateral del poliedro.

Esas fueron las tardes de los pases con la mano de Cristobal al pie del que corriera hacia delante con la camiseta de los nuestros y los desencuentros con la tribuna de Manolín Puntina.

A esos crepúsculos de sábado me incorporé yo cuando ya defendían la nuestra peloteros tan ilustres como Chirri, que un día transpiró la nacional de España, y que junto a los de siempre, los Tito, Fliper, Ramos, David, Oliver, Gary, Aníbal, Pedro, Adriano, Iturrino, Pereda, Morodo o Pepe Mestas pusieron a nuestro pequeño pueblín en los almanaques deportivos que se repartían entonces por los chigres de provincias.

Luego vino el hermanamiento con Electricidad Gelo FS y vinieron a defender la divisa Oscar, Segurola y Brandy, pero fue con Rubén, Pedro, Riki, Petete, Benino, Fino, Emilio, Marcos, Víctor, Checho, Avello, Sici, los Danis, Osky, Mariano, Mon, Alfonsín, Buján, Salva, Cera, Cachi, Tuña, Manolo, Sergio, Chus, Juanma y el resto de la secta con los que tocamos con la mano la categoría superior, la Nacional A de los brasileiros y los equipos de campanillas.

Volvieron entonces las tardes de sábado y magia al coliseum de El Reguerón que dibujará para siempre en la retina de los que estuvimos allí los goles de Cecilio y Charly, la primera victoria ante el Hollywood de Avilés, la remontada ante el Azkar Lugo de Manolo Cadramón, la puntería de Pana o las travesuras de un virguero llamado Luisjo.

También quedarán en la memoria el gol sobre un adoquín de Manuel en el Pabellón Gijón Sur donde tumbamos a El Llano por ocho goles a nueve y las lágrimas de Carballiño donde todos se empeñaron en convencernos de que aquello no era para nosotros.

Esa tarde en el Paco Chao vi al escudo sollozar en los brazos de mi padre que lleva tan adentro estos colores que se le confunden con la sangre.

Pero lo volvimos a hacer, y volvimos a salir Campeones de Asturias otro año más, y regresamos a por otra copa a las manos de Angel María Villar para seguir saciando la vitrina, mientras otros, los que llegaron más arriba, se iban por un inodoro rebosante de impagados.

Y nosotros seguimos aquí, 25 años después, recogiendo parabienes y cumplidos de la gente que puso su pequeño granito de arena en esta pasión que nació sobre una pista verde que ahora luce de azul cielo, el cielo que ya tenemos ganado.

Gracias a todos y que me perdonen aquellos que no pude nombrar aquí porque ellos saben que estos laureles también les pertenecen, pero es que unas Bodas de Plata dan para mucho y el espacio, como el terreno de juego, es muy reducido.

Esa es la fantasía del FUTBOL SALA, cortita y al pie.

¡VAMOS PENLÉS¡

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